Nelson Román

Nelson Román (Latacunga, 1945) es una figura fundamental del arte ecuatoriano y latinoamericano, formado en un entorno familiar ligado a la pintura, la imaginería y la literatura, su obra se construye desde el símbolo, el rito y la memoria ancestral, el contacto temprano con la imaginería popular y las máscaras rituales definió una iconografía propia donde caballos, felinos, serpientes y figuras híbridas articulan un universo mítico de raíz americana y su realidad social.

Desde los años sesenta, Román participa activamente en los procesos de vanguardia, cuestionando el academicismo y asumiendo una postura crítica frente a la historia, lo social y la violencia. De estas tensiones surgen sus monstruos simbólicos, imágenes que encarnan el miedo, la opresión y las fracturas del continente americano, transformando la violencia en pensamiento visual.

En AXZA AXZA XXIII – La ciudad perdida, el artista condensa el sentido total de su trayectoria: una ciudad mítica simbólica que integra memoria ancestral, sincrético, de la violencia, espiritualidad y crítica al progreso deshumanizado. Esta obra de gran proyecto funciona como matriz conceptual de toda su producción. Entre Quito y París, Román ha desarrollado un lenguaje propio, profundamente latinoamericano, donde el arte se afirma como espacio de resistencia, conciencia y transformación.

Soy artista plástico y visual, mi lugar de enunciación es desde el arte, estoy dentro de la evolución del arte ecuatoriano, dentro de sus rupturas, dentro de sus transformaciones, del arte universal, hablo desde la materia, desde el color, desde el símbolo, desde las experiencias vividas, mi obra no es complaciente, ni ornamento; es pensamiento encarnado.

Durante más de seis décadas he sostenido una práctica rigurosa, comprometida con los procesos de cambio del arte ecuatoriano, no pertenezco a un estilo cerrado ni a una generación determinada; pertenezco a la búsqueda infinita. He atravesado los movimientos de vanguardia no como episodios históricos, sino como actitud permanente frente al lenguaje artístico, cada ruptura fue para mí una posibilidad de ampliar la mirada y de cuestionar lo establecido.

Mi trabajo se construye desde un enfoque auto etnográfico, ritual y antropológico donde investigo mi propia experiencia como territorio simbólico, mi biografía es un archivo; mi memoria es materia; mi contexto es campo de estudio, desde allí elaboro propuestas metafóricas, simbólicas, magicas, místicas que buscan traducir lo invisible en forma visible, ver más allá de lo evidente.

He creado mis propios códices, mis propios lenguajes, mi propia cromática y mi propio territorio, como sistemas de narrativas visuales, no copio signos, iconos, índices, los construyo, no repito símbolos, los reactivo, los resignifico, cada obra es un proceso de investigación-creación constante, donde la práctica artística se convierte en método de conocimiento.

Mi tensión está entre lo ancestral y lo contemporáneo, entre la memoria cultural y la experimentación formal, mi trabajo articula materia y pensamiento, territorio y símbolo, experiencia individual y resonancia colectiva, no busco representar el mundo, busco comprenderlo a través del arte.

El reconocimiento a mi trayectoria no responde únicamente al paso del tiempo, sino a la coherencia ética y conceptual de una obra que ha sabido transformarse sin perder profundidad, el arte para mí no es estático, es latido, es evolución continua.

Si hoy se reconoce mi camino, no es para clausurarlo, sino para releerlo desde el presente, porque la contemporaneidad no depende de la fecha, sino de la capacidad de seguir produciendo.

He dedicado mi vida al arte como forma de conocimiento, resistencia y construcción, mi aspiración ha sido universalizar mis pensamientos, ideas y prácticas artísticas sin perder el lugar desde donde hablo, desde el centro del mundo, desde América, desde mi experiencia.