
El mayor aporte de Nelson Román no está únicamente en sus obras, sino en su manera de estar en el mundo como artista para las nuevas generaciones. Su trayectoria enseña que el arte no es una carrera rápida ni un producto de mercado, sino una búsqueda permanente de conciencia, fuentes primarias y sentido de pertenencia. Son varios los aportes:
- Disciplina, persistencia, resistencia y constancia: el arte como práctica diaria y sostenida en el tiempo. Crear es un acto de resiliencia, reinvención y permanencia.
- Creer radicalmente en uno mismo y en la propia obra: hacer sin depender del juicio externo ni de la validación inmediata.
- La creación por encima de la lógica económica: sin temor a sentir que la pasión creativa supera al mercado; se crea porque es vital.
- El arte como forma de vida, no como objeto estático: seguir viviendo, latiendo a través de ideas, pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones.
- No construir cuadros, construir ideas: la obra nace del pensamiento y del concepto, no de la imitación de la realidad.
- Ruptura y reconstrucción constante: desarmar lo establecido para volver a armar desde otro lugar, incluso la propia obra.
- Reinventarse a diario: de sí mismo y de su obra; no descansar en una fórmula. Cambiar la vida a través del arte y cambiar la manera de entender la contemporaneidad.
- Creación de una cosmovisión propia: códices, iconografía, color, percepción y símbolos propios que conforman un universo personal e irrepetible.
- Ir más allá de la política, el dogma y la moda: el arte como espacio de libertad y conciencia, no de consignas.
- El arte como revelación: no mirar, sino observar el pasado a través de la percepción y la conciencia de la naturaleza y el mundo.
- Revalorización del origen y la memoria de los pueblos ancestrales como encuentro: con la conciencia del origen de la naturaleza y la vida, vista desde afuera y resignificada desde adentro.
- Oficio permanente y práctica consciente: el pensar, sentir y hacer se articulan para que el arte funcione como sustento de vida.
- Seguir incansablemente en la búsqueda de la conciencia creativa: que es un proceso continuo y abierto.
- Mantenerse en un eterno retorno de un viaje fantástico: a una ciudad e idea madre que te regresa a las fuentes, a una ciudad etérea, Axza Axza XXIII, como símbolo de comienzo y final.
El legado de Nelson Román
Su oficio permanente de más de 60 años, de reinventarse constantemente y vivir con dignidad, se puede comprender como una práctica artística total: ética, estética y vital. No es solo la producción de más de 6000 obras —de las cuales alrededor de 500 podrían configurar una muestra antológica—, sino una postura radical frente al arte, la historia y la identidad.
El legado de Nelson Román es el de un artista que instituyó al arte plástico como forma de vida, conmoviendo conciencias y creando territorios de resistencia. Su obra no es estática: palpita, se transforma y dialoga con las fuentes profundas de nuestra América y Occidente. Nos deja una enseñanza clara: creer en lo que se hace, reinventarse, volver a las raíces profundas, hacer visible lo invisible y sostenerse con oficio y convicción en el tiempo para trascender, convirtiéndose en una práctica que no se detiene.

