Por Hernán Rodríguez Castelo
Nelson Román es una de las figuras más brillantes de la plástica ecuatoriana actual.
De los artistas llegados a esta década, uno de los dos o tres de producción más coherente y sostenida. Situándose dentro de una “tradición” que arranca del Goya negro y, en la América de hoy, pasa por Cuevas, ha ido forjando, sin prisa alguna, improvisadora, su propio mundo de formas y un peculiar lenguaje simbólico y ha dado aporte decisivo, como uno de los adelantados de su generación, para la definición de formas y lenguaje de un feísmo de iluminación crítica del mundo, penetrante y desgarrado, mágico y esperpéntico.
A finales de los años sesenta, el joven artista había dominado incontables secretos del dibujo y el entintado en negro, y, maduro ya en estas técnicas, parecía haberse puesto a conjurar extrañas criaturas. En una muestra conjunta con los cuatro compañeros de irrupción –a los que por su entrañable solidaridad humana se diera en llamar “los cuatro mosqueteros”– esas criaturas se ofrecían como queriendo salir de un capullo. (Muestra de Román, Jácome, Iza y Unda, en la galería “Kigua”). En ese momento de su carrera el reto con el que se enfrentaba el joven pintor era el del color: contrastaban las vacilaciones y hasta turbiedad en la aplicación de la materia cromática con la limpieza y sutileza del dibujo lineal, y los justos equilibrios de la mancha en negro.
El arribo al color y el esperpento
Momento clave en la trayectoria de Román es el de su arribo al color, a comienzos de la década, y el “Premio de París”, que se le confiere en 1972, no hace sino reconocerlo.
El reto se había superado, y no como simple tránsito del blanco y negro al color, sino con la riqueza y tensiones del paso dialéctico: en toda la etapa colorista que venía estarían presentes las técnicas ya dominadas del penetrante dibujo felícto y del entintado. Las claves de solución las había tenido el artista muy a mano, en la misma veta en que con tanta lucidez y pasión ahondaba desde hace años: en el Goya negro.
Pero no solo en el color se hallaba una nueva afirmación: Román se ofrecía para los días de su “Premio de París” cada vez más maduro en composición, trabajo de la sustancia, profundización de los motivos y ensayo de técnicas (acrílico, óleo, tintas y esmaltes podían verse en una misma obra).
Y toda esta madurez servía de soporte para una cosmovisión cada vez más personal. Su “Homenaje a César Dávila Andrade” la obra que le valiera el “Premio de París”, con cielos soberbios, grupos humanos trágicos y elementos que aludían al esoterismo del poeta, nos lo presentaba frente a la cosmovisión en que iría profundizando en la década: entre irónico–esperpéntica y mágica; con apertura a los espacios (cósmicos, mágicos, míticos) superiores e inmisericorde disección de las miserias del mundo terrenal, al que se convocaría a criaturas de mundos aún más obscuros y ominosos.
Se iba configurando, qué duda cabe, un estilo inconfundible y una cosmovisión coherente. El “Camino a la Santísima Trinidad” que le valió, al poco tiempo del “Premio de París”, Medalla de Oro en el III Salón Nacional de Dibujo, Acuarela, Témpera y Grabado, nos vuelve a poner frente a lo religioso en una dimensión misteriosa y mítica, y a la crítica esperpéntica del mundo inferior. Una criatura de ojos alucinados inmersa en una atmósfera de color mágico y rico. La témpera sabia de iluminados; anclada en las sombrías tintas del Goya negro, pero con matices de color americano, ya insoslayables.
El mundo del grabado y más esperpento
Román viajó a París, en disfrute de su Premio. Vuelto de ese año de intenso trabajo experimental, expone grabado, dibujo y tintas. Grabado, sobre todo, que revelaba apasionada investigación de las posibilidades de esa técnica. Y en dibujo y tintas, piezas de ricas texturas y sutiles medianitas, como “Donde hay ángeles negros, perros rabiosos y obispos”, donde brilla una vez más el personalísimo y certero dibujante que es Román.
La intención y tono seguían siendo irónicos, y el estilo, feísta. Los resultados crudos de grotesco y esperpento: “Sonata en Re para guitarra, violín y flauta”, tratando un moinho burlesco con cruel ironía, lo llevaba a territorios de grotesco. En el aguafuerte “San Antonio y la risa”, el dato solidario, que daba cuenta de una justa y equilibrada composición, pero otra parte) esa condición esperpéntica era el rostro del santo asombrado, pícaro y tosco, la ventana que daba sobre la re abierta en canal. El dibujo de rostro cargaba el conjunto de perturbadoras notas de sadismo, hipocresía, harrago hipocrático, grosería, basural.
La raíz de todas estas recuperaciones de sentido y crítica social seguía siendo Goya. El Goya negro: su grotesco, su humor negro, su aligeramiento depresionante, sus exasperaciones y alucinaciones quirúrgicas.
Pero en esta muestra hubo algo más: cierto sector se abría, más allá de las solicitudes del maestro y de otros días que, hacía unos horizontes de color y libertad que, sin dejar de ser esperpénticos, aludían a lo mágico americano. (Así la “Serie del prestidigitador”). Esa categoría lo “mágico americano”, tan vigente en la literatura latinoamericana del período, iría seduciendo cada vez más al artista y proponiéndole repetidos sondeos experimentales. Reconociendo la nueva madurez lograda por el joven artista ecuatoriano, Gómez Sicre le invita a exponer en la Unión Panamericana.
Un «teatro del mundo» esperpéntico
En 1977, en el III Salón Nacional de la Casa de la Cultura, Nelson Román gana la gran figura –la única gran figura– con dos obras que, hasta por su tamaño, aplastan una participación general más bien modéroc.
Tocadas en la línea estilística del clasicoculto goyesco y el feísmo y la Cueva, pero abandonando personalmente en una violenta dramática de lo –mundo superior y el terreno unos dotas perturbadoras relaciones– y abierto a grandes concepciones simbólicas. Distanciado de Goya por la tensión contemporánea de sus imágenes, y de Cuevas por una grandeza escenográfica casi sacra –en Román categorías como lo sagrado y lo cósmico se oponen a la esperpencia.
El díptico de ese Salón “Asesinos” y “Asesinado” es un canto, de obscura, amarga, erguía grandiosa, a la violencia contemporánea. Evaluación de un lenguaje feísta y tremendista. En “Asesinos” un cielo con algo de demoníaco estallido en amarillos acesados por sombras y una tierra roja, como embriagada en sangre emergida, donde comagian en cavalillo lo que de tan viejo y nuevo hacen del mundo circo de perversas mecanizas: figuras monstruosas en histérico empuñar cuchillos; “Asesinado” tiene algo de Pietà contemporánea, al pie de cada el feísmo no da lugar a exaltaciones sentimentales, allí la escena del asesinado en brazos de lo alto, mujeres, desde allí corren dos líneas convergentes hacia abajo, donde ocurre otra escena, una suerte de lucha de dragones.
Y “Asesinos” y “Asesinado” no eran piezas únicas: eran, más bien, partes de toda una serie; de todo un “Teatro del Mundo” esperpéntico que el artista creaba apasionadamente.
Al año siguiente una de esas obras le vale el segundo premio del Salón “Luis A. Martínez” en Ambato: “Marionetereon en penumbra”. Personajes de una corte de los milagros celestial, de festines demoníacos, mampalias huecas del guignol inferior: dos bestias entremasadas con los ojos de otra ominosa criatura. Trabajo de extrema intensificación del dibujo con el color ámbar huecos como fondo o iluminado. El dibujo da ser a figuras aquellas, con variados entramados lineales, confiere volumen y atmósfera, con recursos, sugiere perversidad y magia. Y el color, con ser tan austeros, que eficaz: del negro al rojo, con degradaciones osces, de la lo sórdido monstruoso hasta y las perversiones miserables, un brillo demoníaco.
Parte de esta serie lleva, finalmente, el artista a Lima, luego descuidó y volcó, en apasionada síntesis, la conciencia comprometida a la que el artista llegaba de una década transcurrida y afirmada. La culminación vendría de que preparara nuevas composiciones, de las que apenas podemos conocer las primeras versiones (dos acabados gouaches), la exasperación casi espantosa y festiva, la incorporación de elementos de altar, yeso, sin duda, una nueva dimensión que comenzaba a la vez de nueva visión del lienzo. Ese lienzo, que viene puesto para tener cada pieza como si fuera de arte de tejeduría, desde allí.
Así que para acceder al Andarín y mejor: abordándolo y viviendo queda ahora en la más valiente mano del paciente admirador discurrir cuántas veces, cómo cada, los recursos, y qué, enteramente únicos coches de la cima y del conocimiento, logra para el peruano imaginar pintores para usos de procedencias en veces tan cercanas y lejanas, de tan
No ha parado. Artista americano, Román oirá a sus conciudadanos atónitos, gentil y masiva muestra, en laguna cuenca de cercanía mestiza. Y ello sin alejarse ni desmerecer el feísmo, con una categoría de universalidad y humanos anhelos americanos, comenzada ya desde su infancia por su alma hacia las capas más profundas las que llevan los años de este territorio de feérica goyesca y por ahí para quejar salir más las tinieblas: hoy de aquí, hoy de allá, hoy de siempre.
Por el siglo futuro, vino a confluir nuestra romántica y rica experiencia artística de algunas del hombre contemporáneo, que ha vivido en cada conciencia en sombra de héroes y caballeros: que hoy, que puede haber imaginado minas, en su más precisa procedencia, el fruto negro, de un día de dolientes.
Nelson Román nace en Latacunga – Ecuador en 1.945. Estudios en Ecuador y Francia.
Principales exposiciones individuales
Galería “Altamira”, Quito 1.974
Unión Panamericana, Washington 1.975
Universidad de Northridge, California 1.975
Universidad de Northridge, California 1.975
Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá 1.976
Museo Guayasamín, Quito 1.976
La Galería, Quito 1.978
Galería “9” de Arte, Lima 1.978
Principales exposiciones colectivas
Casa de las Américas, La Habana 1.967
II Bienal de Artes Gráficas, Santiago de Chile, 1.968
Museo de Arte Moderno, Bogotá 1.969
Anti-Salón, Guayaquil 1.970
16 pintores ecuatorianos (SIDO) Washington 1.970
II Bienal de Artes Gráficas de Cali, Colombia 1.973
Grabadores de las Américas (Principales Ciudades de E.E.U.U.) 1.976-1.977
“Explanada de la Defensa” París 1.977
Museo Banco Central, Quito 1.977
Museo de Arte Contemporáneo, Bogotá 1.977
Salón Nacional, Quito 1.977
Salón Nacional “Mariano Aguilera”, Quito 1.978
Salón Nacional “Luis A. Martínez”, Ambato 1.978
Arte como Idea y Acción (“La Galería”), Quito 1.978
I Bienal “Mitos y Magia” São Paulo 1.978
I Trienal Latino Americana de Grabado, Buenos Aires 1.979
IV Bienal Latinoamericana de Grabado, San Juan, Puerto Rico 1.979
I Bienal Iberoamericana de Grabado, Roma 1.979
Galería Nacional de Wellington, Nueva Zelanda 1.979
Diez Años de Cultura Andina, Lima 1.979
Organiza el Taller Nacional de Grabado en la Casa de la Cultura (Quito) junto con N. Suárez 1.979. Participa en la primera Campaña del Grabado en el Ecuador, patrocinada por el “QUINCES CLUB” del ECUADOR.
Premios
Primer premio “Premio de París” 1.972
Primer Premio, Tempera Salón Nacional 1.970
Primer premio, Grabado Salón Nacional 1.976
Segundo premio, Pintura Salón Nacional “Luis A. Martínez” Ambato 1.977
Premio Mención en Pintura Salón Nacional, Quito 1.977
Gran premio en Pintura Salón Nacional “Mariano Aguilera”, Quito 1.978
Tengo la complacencia de abrir esta muestra y entonces ensayo resumir, para un exigente público peruano el estudio al que ha llegado Nelson Román en su expresión plástica.
Por Hernán Rodríguez Castelo

