Hernán Rodríguez Castelo
Centro Cultural Benjamín Carrión
Municipio Metropolitano de Quito.
ROMÁN, Nelson
Pintor, grabador
Latacunga, 1945
Escuela de Bellas Artes, Quito.
Escuela de Artes Decorativas, Niza (1982).
Escuela de Arte y Arquitectura de Marseille Luminy, Francia (1986).
PREMIOS
1972. Primer Premio, Salón del Premio de París.
1973. Primer Premio, Salón Nacional, Quito.
197. Primer Premio, grabado, Salón de Dibujo, Acuarela, Témpera y Grabado, Municipio de Quito.
1977. Segundo Premio, Salón Luis A. Martínez.
1977. Premio Adquisición, Salón Nacional, Quito.
1978. Gran Premio, Salón Mariano Aguilera.
1980 Segundo Premio, Salón Nacional, Quito.
1984. Primer Premio, Bienal de Dibujo, Guayaquil.
EXPOSICIONES
COLECTIVAS MÁS IMPORTANTES
1967. La Habana, Casa de las Américas.
1968 Santiago de Chile, II Bienal de Artes Gráficas.
1969 Quito, Galería Siglo XX (Los Cuatro Mosqueteros).
1969 Bogotá, Museo de Arte Moderno.
1970 Guayaquil, Anti-Salón.
1970 Washington, BID, (16 pintores ecuatorianos).
1972 Quito, Salón del Premio de París.
1973 Cali, II Bienal de Artes Plásticas.
1973 Quito, Salón Nacional.
1976 Quito, Municipio, Salón de Dibujo, Acuarela, Témpera y Grabado.
1976-1977 USA, principales ciudades, Grabadores de los Américas.
1977 Quito, Salón Nacional.
1977 París, Exposición de la Defensa.
1977 Ambato, Salón Luis A. Martínez.
1977 Quito, Banco Central, Primer Concurso Nacional de Artes Plásticas.
1977 Bogotá, Museo de Arte Contemporáneo.
1978 Quito, Salón Mariano Aguilera.
1978 Ambato, Salón Luis A. Martínez.
1978 São Paulo, I Bienal, Mitos y magias.
1979. Buenos Aires, I Trienal Latino Americana de Grabado.
1979 Roma, Bienal Iberoamericana de Grabado.
1979. Nueva Zelanda, Galería Nacional de Wellington.
1979 Lima, Diez Años de Cultura Andina.
1980 Quito, Salón Nacional.
1981. San Juan, V Bienal de Grabado Latinoamericano.
1981 Cali, IV Bienal de Artes Gráficas.
1981 Medellín, IV Bienal de Arte.
1983. San Juan, VI Bienal de Grabado Latinoamericano.
1983 París, Arte del Ecuador.
1984. La Habana, I Bienal.
1984 Montevideo, I Bienal de Grabado Iberoamericano.
198. Itinerante por los países andinos.
1984 Guayaquil, I Bienal de Dibujo.
1985 París, Salón de los Independientes.
1985 Guayaquil, Arte Sacro Contemporáneo del Ecuador.
1985 Lima, Arte Contemporáneo del Ecuador.
1987 Cuenca, I Bienal.
1988 Mónaco, Mitos y tradiciones de América Latina.
1990 París, Espacio Latinoamericano.
1992 París, Semana Cultural del Ecuador.
1994 Mónaco, Premio Internacional de Arte Contemporáneo de la Fundación Príncipe Pierre de Mónaco.
1994 París, Espacio Camperet.
1995 Mónaco, Más allá de l’Amérique Latine.
1995 Francia, 20 Años del Premio Salón de París.
1995 Quito, Museo Archivo de Arquitectura, El arte ecuatoriano de hoy: La huella de Europa.
1996 Santiago de Chile, Arte Iberoamericano.
1998 Quito, Lima y Santiago de Chile, Eros.
1999-2000 México, Museo Cuevas.
2004 Quito, Centro Cultural Benjamín Carrión, El Quijote en el arte ecuatoriano.
INDIVIDUALES
1974 Quito, Galería Altamira.
1975 Washington, Unión Panamericana.
1975 California, Universidad de Northridge.
1976 Bogotá, Biblioteca Luis Ángel Arango.
1976 Quito, Museo Guayasamín.
1978 Lima, Galería 9.
1980 Quito, La Galería.
1980 Guayaquil, Taller Guayasamín.
1983, 85 Quito, Sala de Arte Contemporáneo.
1985 Latacunga, Casa de la Cultura.
1985 Guayaquil, Galería Madeleine Hollaender.
1985 Quito, Sala de Arte Contemporáneo.
1986 Guayaquil, Museo Antropológico del Banco Central.
1986 Hamburgo, Tour House.
1986 Bonn, IFA Galería.
1987 París, Espacio Latinoamericano.
1987 Quito, Alianza Francesa.
1988 Lima, Centro Cultural Miraflores.
1988 Quito, Fundación Cultural Execra.
1989 Londres, Midland Global Private Bank Gallery.
1989 Quito, Galería LAR, AXZA AXZA XXII Ciudad perdida Mitad del mundo.
1990 Madrid, Centro Cultural de la Caja de Madrid.
1990 París, Gran Galería Nuevo Forum Les Halles.
1991 París, Galería de Nesle.
1992 Quito, Galería De Vuyst Endara.
1993 Quito, Fundación Guayasamín.
1994 París, Galería Mailletz.
1994 Cuenca, Galería Larrazábal.
1995 Quito, Consejo Británico.
1995 Quito, Filanbanco.
1995 París, Galería Equateur Art.
1995 Quito, Espacio de Arte Román.
1996 Quito, Museo del Banco Central, Los amantes de Sumpa y obras experimentales.
1996 Quito, Espacio de Arte Román (Exposición permanente).
1997 Lima, Centro Cultural Miraflores.
1997 Bonn, Museo Koenig.
2000 Quito, Centro Cultural de la Universidad Católica.
2004 Quito, Museo del Banco Central, El ojo de jaguar (Retrospectiva, con la curaduría de Sonia Rocha).
Para finales de los sesentas ha dominado el dibujo, en la línea generacional feista a lo Cuevas y el entintado en negro, que valorizaba los trazos lineales. El reto era el color. El contacto con Viola durante los meses de permanencia del maestro español en Quito– lo ayuda a vencerlo.
A comienzos de los setentas llega a un color de fuerte expresividad; más dramático y profundo que rico. Entonces comienza a entregar su cosmovisión en grandes y poderosos cuadros: cielos soberbios, grupos humanos trágicos y elementales, figuras espirituales. Homenaje a César Dávila Andrade le merece el Premio de París (1972), y Camino a la Santísima Trinidad, la Medalla de Oro en el Salón de Dibujo, Acuarela, Témpera y Grabado (1976). Esta obra –témpera sabia de iluminados, anclada en las sombras tintas del Goya negro, pero con notas ya insoslayables de color mestizo americano– se abría a una dimensión mistérica y mágica.
Viaja a París. Enriquece su técnica sobre todo el grabado, y sigue ahondando en su visión del mundo esperpéntica y barroca, americana. La línea poética estaba clara; desde el lenguaje que para lo grotesco y esperpéntico había forjado el Goya negro, hacia todas las extrañezas mágicas de lo americano.
En 1977 es la gran figura la única del III Salón Nacional, con obra poderosa, que comienza a imponer su poética, retórica y lenguaje visual: Asesinos y Asesinado, díptico que mostraba dos caras de una misma gran tragedia, de un mismo canto sombrío a la violencia que se abatía sobre esta América nuestra. Asesinado era una “Pietà” contemporánea. Al pie, la escena del asesinado, en brazos de las mujeres. Desde allí corrían dos líneas convergentes hacia lo alto, donde ocurría otra escena, una suerte de lucha de dragones.
Distanciado de Goya por la tensión contemporánea de sus imágenes y de Cuevas por la grandeza de sus escenografías, Román afirma una expresión personal, e inicia nuevas búsquedas.
A comienzos de los ochenta pinta paisaje; un paisaje simplísimo de dibujo y violento, faure de color. Preparaba nuevas escenografías, de fuerza telúrica americana, para sus criaturas esperpénticas.
En otra dirección sondeaba en lo mágico; espejos, plumas pegadas a las telas como elementos cromáticos extraños y fastuosos.
Oriundo de una provincia de riquísimo folclor de Cotopaxi, el folclor fue siempre una de las venas que nutrió su mundo de formas y sentidos. En un último tramo de la década de los ochenta entra en lleno en lo folclórico. Recupera desde los más humildes objetos hasta las más ricas y abigarradas escenas. En la gran muestra Arte Sacro Contemporáneo del Ecuador (1985) culmina La Santísima Tragedia, tríptico que penetraba en la fiesta campesina, devolviendo a cada componente su sentido lúdico, mágico y casi sacro. Y ello se extendió hasta la humilde vendedora que, detrás de su puesto de expendio, parecía una madona, con aureola y todo.
Esos paneles ponían al espectador ante un mundo de dos niveles intercomunicados: el más acá, entre prosaico y pintoresco, y el más allá, donde alientan extraños espíritus en un clima de miedo y magia. Objetos ceremoniales como la Vaca Loca o el Castillo ponían en relación los dos mundos.
En el 87 vuelve a París, con una muestra de esperpento y magia, como significantes de lo más brutal y lo maravilloso, lo sórdido y lo extraño del mundo mestizo americano. Su expresión, siempre en búsqueda, ensayaba entonces el retablo y la máscara. En el más logrado de los retablos, en el panel central, más alto, una escena de fiesta y magia: un enmascarado con alas cabalgaba sobre una máscara-león. Y a cada lado, ocho cuadros menores, con otras tantas máscaras, a las que daban unidades hirientes cadmíos.
Hacia 1990 se instala en París y se da un paso de su barroco americano goyesco a un manierismo: mayor número de elementos cuidadosamente dibujados, multiplicidad de trazos, especial complejidad en los signos. Unido ello a la seducción americana, pinta selvas en verdes lujuriantes, en las que sitúa personajes míticos o mágicos.
Se hacía una riquísima síntesis. En ella se retoma el tema erótico en bellos conjuntos de enriquecido juego de símbolos. Lo erótico cargado de sustancia americana llegaría hasta la serie Los amantes de Sumpa expuesta en Quito en 1996.
Había creado para entonces un símbolo clave que daría su espacio mito poético a todos los juegos de símbolos que en la década de los noventa irían ordenándose en series: AXZA AXZA XXII, Ciudad perdida Mitad del Mundo (así tituló su muestra de 1989, en L’Art, Quito). El nombre cabalístico unía la “Z” del comienzo con la “X” del final mediante la “X” del enigma y vuelta a la “A”, para recomenzar el tiempo cíclico de la cosmovisión andina. AXZA AXZA anunciaba una vuelta a lo profundo ancestral.
El color se enriquecía y se seguía acudiendo a las plumas y oro, que llegaban con connotaciones de fasto y sacralidad. Color fuerte, con alta carga semántica, hacia tan fascinantes obras como Caballos y felinos rojos, en que el caballo blanco sumido en la crudeza del rojo sangre era trágico y ceremonial a la vez.
La década de los noventa estuvo dominada por los Códices. Cazadores de cabezas, una de las primeras series (1992), se caracterizó por un geometrismo que confería hieratismo a figuras dibujadas sobre lino encolado. Sacerdote y guerreros junto a jaguares, serpientes y monos; la mujer, símbolo de fecundidad, y el hábitat selvático.
La serie Galápagos (1995) veinte piezas, algunas de gran formato ahondaron en el tema del mar con azules profundos que dominaban las telas, una naturaleza en trazos verdes gestuales y el hombre con las riquezas que el mar le entregaba –peces, con la pintura de oro, símbolo de riqueza.
Una de las series de mayor aliento con obras monumentales, expuestas con otros trabajos en una poderosa muestra quiteña: Fundación Guayasamín, 1993 llevaba el nombre de una de sus telas: El Dorado, que sugería la salida desde el mítico AXZA AXZA hacia búsquedas utópicas, como la del fabuloso Dorado. El ensamble políptico El Dorado jugaba con gran libertad con imágenes míticas el personaje el Dorado con sus manos de cabezas de serpiente y su sexo como el árbol de la vida. Y el díptico Monte de las serpientes daba su contexto mágico al relato de los comienzos de la especie. Pero en serie tan enraizada en obscuras cosmogonías, la gran tela Bonita banana, descubridor de Europa instalaba viejos mitos en el presente por un recurso desacralizador y desmitificador que es la ironía: en la nave, los argonautas, con fastuosas máscaras áureas; en el agua, la serpiente emplumada; todo con dibujo de hieratismo que confería al conjunto grandeza mítica; pero la nave era un banano… Ese era el vellocino de oro de nuestros tiempos fenicios y antiheroicos.
En 1996 abre una importante muestra en Quito Museo del Banco Central, que presentaba los logros de esa síntesis obra a la distancia de la patria. Aquello fue un gran despliegue de expresión plástica americana. Y lo fue también de nerviosas inquietudes y sugestivas aperturas. Introducía en la exposición el Cronista. Hecho de papel molido, estaba revestido de periódico que permitía leer las noticias, y esto lo situaba en la contemporaneidad. Pero el color terracota hundía al espectador en la tierra: de esa profundidad salían nos decía el color símbolo las noticias realmente dignas de crónica. Y se pasaba a los códices: del fuego, del miedo. Mensajes con la plurisemia del signo icónico, hondos y obscuros. Hasta desembocar en el Códice del humo, que era febril, honda recuperación de los materiales, de la tierra a la arcilla. A un lado estaba Templo solar. Los brillantes colores de Román obscurecidos. Visión sin nada de luminoso, más bien casi sombría. El templo que vio el cronista de Cortés, ahora cubierto por costra gruesa y sucia de sangre. Y máscaras de oro y figuras hieráticas, también obscurecidas. Y, ominoso símbolo de la conquista, el caballo. Telas así mostraban todo lo poderoso que había llegado a ser la expresión visual de este gran artista latinoamericano.
Otro importante capítulo de su producción de finales de los noventa y comienzos de siglo es la parisina Ensambles de la rue Montroil, serie trabajada entre 1999 y 2003 fue empresa de reciclaje de materiales parisinos. Pintura sobre pedazos de carteles del Metro, elaboraciones con desechos de la gran ciudad. Y junto a esos materiales casi sórdidos, plumas. Con su fastuosidad degradada, pero con su belleza intacta.
Visiones y alucinaciones de París del 2000 recuperó nerviosa y certeramente extrañezas y misterios de la centenaria ciudad. Testimonios de fresca inmediatez dibujos de trazo y mancha libre, tintas sepias, negras; verdes de témpera, pegados de la seducción que sobre el artista americano ejercía la ilustre ciudad con tanto peso de pasado y cultura; calas en su espíritu descifrado visualmente de piedras y rincones. Y el gran dibujante que siempre ha sido Román jugaba con el motivo de la torre Eiffel, a la que hacía árbol, mujer con follaje en la cabeza, muñeca, jirafa, o la ponía entre dos amantes que se besaban, o hacía asomarse un ángel por detrás…
Y a Quito, el dibujante consagraba otra sugestiva empresa: recuperar, con las libertades del dibujo contemporáneo, las formas de uno de los mayores imagineros barrocos de la Escuela Quiteña Caspicara. Fue su muestra del 2000 (Centro Cultural de la Universidad Católica).
En 2004 una gran retrospectiva o amplia antológica estaba entre lo uno y lo otro permitió rehacer las grandes etapas de esta brillante trayectoria plástica, tan enraizada en tierra americana con su alta carga de mito y magia como abierta a todos los refinamientos de la cultura europea.
BIBLIOGRAFÍA
– Hernán Rodríguez Castelo, “Implacable decadencia del Salón Nacional”, El Tiempo, Quito, agosto 1977. ACE 172-175
– Hernán Rodríguez Castelo, “Nelson Román”, Dinners, Quito, n. 1 (marzo 1980), pp. 44-48. SH 311-312 S. XX AVE 109
– Lenin Oña, “Nelson Román”, Dinners, Quito, n. 75 (agosto 1988), pp. 44-47.
Hernán Rodríguez Castelo, “Nelson Román”, Agenda de Arte La Manzana Verde, Quito, 1989.
-Trinidad Pérez, en “Arte ecuatoriano de hoy”, texto del catálogo libro de la exposición homónima, Quito, Mariscal, 1995, p. 17.
-Carlos Villasis Endara, “La mitificación de los sueños en la magia del realismo”, La Hora, Quito, 30 julio 1995.
-Carlos Villasis Endara, “El simbolismo como memoria colectiva del arte”, La Hora, Quito, 27 agosto 2000.
– Carlos Villasis Endara, “Del dramatismo simbólico a la realidad fantástica”. Texto del catálogo de la muestra en L’Art, Quito, 1989. -Nelson Román. El ojo del jaguar. Textos de Hernán Rodríguez Castelo (30-65) y Gérard Xuriguera (13-27), Quito, Banco Central

