50 años de creación
Sonia Kraemer
Centro Cultural Metropolitano
Textos de Sonia Kraemer, Hernán Rodríguez Castelo, Victoria Novillo Rameix, Marco Antonio Rodríguez, Gérard Xuriguera
«El eterno retorno», título definido por la curadora Sonia Kraemer para referirse a la vida artística de Nelson Román, plantea una idea central: pintar es regresar al origen porque supone un proceso estético donde -como diría Hegel- lo sensible se espiritualiza y lo espiritual aparece como sensibilizado.
Nelson Román es un viajero incansable hacia los orígenes de la naturaleza y hacia las culturas primigenias. Sus obras están dominadas por la inmediatez del color y por pinceladas espontáneas que le permiten plasmar la simplicidad de lo primitivo. En los años sesenta se dedicó a la creación pictórica de personajes macabros y seres antropomorfos como expresión de crítica social. En los ochenta se volcó al arte popular, para luego, mediante una profunda reflexión de lo sagrado y lo mundano, inspirarse en seres míticos, ángeles, serpientes y libélulas como símbolos claros de sacralidad y pureza. Y a partir del 2000, además de realizar un diálogo con la obra de Caspicara, desarrolló su serie Naturalismo Integral recogiendo y reciclando hojas y troncos para crear formas que se entremezclan y mimetizan con insectos, mariposas y otros seres puros y sencillos de la naturaleza.
El Centro Cultural Metropolitano rinde homenaje a Nelson Román por sus 50 años de trayectoria creativa. Invito a los lectores a recorrer estas páginas y a reflexionar sobre la importante labor del artista latacungueño.
Victoria Novillo Rameix
Directora Centro Cultural Metropolitano
«…La vida no es de nadie, todos somos la vida (…)
soy otro cuando soy,
los actos míos son más míos si son también de todos,
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros…”
Octavio Paz, Piedra de Sol
Nelson Román (Latacunga, 1945) es un artista integral. Traductor de una herencia psíquica de imágenes primordiales de naturaleza colectiva, persisten en su obra como los elementos de un caleidoscopio- temas ancestrales y símbolos universales. Concibe el arte como un ritual donde el ser humano, creador de un compendio iconográfico de mundos particulares, logra exorcizar a través de arquetipos primigenios, sus demonios, miedos y anhelos primitivos, que en el fondo son los mismos que otro plasmó desde hace miles de años en una cueva del Paleolítico Superior. Estas ideas no fueron inventadas nunca; antes de que los hombres aprendieran a producir pensamientos, los pensamientos les vinieron.
Los fundamentos estéticos de la obra de Román se cimientan en el expresionismo y la nueva figuración. Tales valores están patentes con homogeneidad y coherencia icónica desde la década de los sesenta, su período formativo. Su trabajo constante y disciplinado le ha permitido también asimilar diversas propuestas artísticas, recorrer los vericuetos de las formas, el color, las diferentes técnicas, hasta ofrecernos una obra depurada y generosa. Una atmósfera luminosa se enriquece de abundantes elementos de su sensibilidad y armonía, sin duda, con sus incursiones en la identidad y la memoria. Lo mitológico es recreado en sus lienzos, en los cuales se funden vivencias y anhelos del ser humano desde tiempos primigenios.
Su visión del mundo, libre de todo discurso teórico y volcada en su propia especificidad, refleja una seducción por lo mítico, pues la mitología ambiciona ser la explicación de la paradoja, de aquello que no tiene una explicación racional. En palabras de Ortiz Osés: “[el mito] trata de encajar o articular en una visión holística lo que nos aparece fragmentado y desarticulado (…), y ya que no nos es posible dar cuenta y razón de ello, trata de dar cuento y relación en un relato simbólico”.
En efecto, desde tiempos sin memoria el ser humano a través del arte, en sus distintas manifestaciones, ha pretendido entender lo enigmático, lo inverosímil a la razón conceptual, así mediar las contradicciones entre las categorías antagónicas: la vida y la muerte, el bien y el mal, lo masculino y lo femenino, el espíritu y la materia. En este sentido, el arte tiene la posibilidad de poner de manifiesto una apertura hacia lo trascendente; pues el mejor camino no para comprender la realidad última es el de renunciar a pensar en ella en términos de experiencia inmediata, ya que tal experiencia no conseguiría percibir más que fragmentos Podemos decir que el arte es una vía a través de la cual el ser humano puede penetrar en la raíz inseparable del Todo. Por ello, su atributo es sacar a la luz la verdad, así, es un camino para llegar al verdadero autoconocimiento. El arte unifica materia y espíritu, muestra y esconde, hace patente la verdad trascendiendo los contrarios. El arte se esconde y se muestra, desnuda cubriendo y cubre desnudando, aspirando a conferir de sentido aquello que nuestra razón conceptual no alcanza a advertir: lo misterioso, inaccesible para la razón conceptual, que envuelve un sentido inconsciente imposible de descifrar conscientemente. Como un koan el arte supera la lógica dualista.
El Viaje hacia el Origen
Nelson Román nació en un entorno de artistas: su padre, Salvador Román, estudió Bellas Artes y su madre tenía una gran afición literaria; también recibió una gran influencia del arte popular de la mano de hábiles artífices como Teófilo Quishpe, Alejandro Jacho y José Amable Olmos. Desde muy joven, junto con sus hermanos y su padre, decoró iglesias como la de San Juan de Pujilí, Mulalillo o Saquisilí.
Luego, estudió Bellas Artes en la Universidad Central de Quito; allí va a conocer y entablar una gran amistad con Washington Iza y José Unda, con ellos formará un primer grupo al que llaman “Aguarrás”. Los tres artistas hacen una exposición en Latacunga en 1967; posteriormente Román participó en la Bienal de Santiago y más tarde, junto con Unda fueron invitados por Marta Traba para exponer en Bogotá.
Tras este empuje inicial, en 1969 y junto a Ramiro Jácome, artista autodidacta, formaron el grupo “Los Cuatro Mosqueteros”, que se llamó así porque se les veía a los cuatro jóvenes andar siempre juntos⁶. Ellos, por un período de tres años, desarrollaron un ‘manifiesto’, concibieron interesantes trabajos irreverentes y experimentales. Un hito iconoclasta de este grupo fue la creación del Anti-salón en Guayaquil, en un terreno baldío frente a la exhibición oficial.
Al buscar referentes en su obra, es evidente la presencia de Goya, Ensor, el grupo Cobra o de José Luis Cuevas; pero también influyeron en él, más directamente, el pintor español Manuel Viola, quien vivió algunos meses en Quito y trajo consigo un poco de aire fresco a la plástica nacional. Asimismo, es pertinente destacar el influjo de su investigación y trabajo de campo en el estudio del folklore ecuatoriano bajo la dirección del antropólogo brasileño Paulo de Carvalho Neto, etapa que compartió con el pintor Oswaldo Viteri. En efecto, las referencias antropológicas son uno de los cimientos más profundos en su postura vital, algo que marcará toda su producción futura.
Su vida da un interesante vuelco cuando gana el premio París en 1972 con su obra/homenaje a César Dávila Andrade y aprovecha ese viaje a Francia para estudiar varias técnicas y estilos: coquetea con el collage, con el ensamble, ahonda su conocimiento del grabado…
En la década de los setenta Román profundiza en lo abyecto, surgen personajes monstruosos, reflejos fantasmales y alucinantes que recuerdan la época de la pintura negra de Goya. Un claro ejemplo lo constituyen los lienzos de la Serie Huairapumushcas y el políptico Sobre el tema de la Violencia, en ambos casos, aparecen monumentalizados personajes grotescos y macabros engendros de pesadilla, seres antropozoomorfos que se crean en la frontera de una abstracción gestual. En esta etapa, el artista perfila un revulsivo estilo que ilustra la figura humana con delirantes distorsiones caricaturescas; colores violentos, pinceladas agresivas y trazos espasmódicos que establecen un cierto ambiguo misterio que surge del divorcio entre los personajes y el escenario. Formas desarticuladas de borrosa indefinición son parte de un discurso crítico contra la sociedad.
En la década de los ochenta ocurre un hiato, su obra se vuelve menos desgarradoramente expresionista, sus formas, trazos y texturas pierden la agresividad de la década anterior y se privilegia entonces un cromatismo de pigmentos fluidos con colores profundos y casi planos. Pinta paisajes y atmósferas coloristas que se conectan mucho más a la tradición. Se da una mágica ambivalencia entre ficción y realidad con un toque naif.
Cerca del 90 Román vuelve a París con un nuevo ímpetu creativo. Aunque está en el extranjero sumerge su mirada al centro de sí mismo: lo que brota a raudales es su alma barroca americana. Realiza un repertorio mágico-ritual donde reflexiona sobre lo divino y lo humano con su mirada profunda y antigua de ojos autóctonos. En este período realiza la serie de Códices, estudia e interpreta el Popol Vuh. Destacan también obras como Puerta del Viento que representa una pirámide prehispánica, con un cielo plagado de plumas: la parte, que representa el todo, el pájaro. O el políptico monumental El Dorado de 1992, de prodigiosa vitalidad, donde un esquemático hombre recostado envuelto por una serpiente observa al espectador desde otro mundo, mientras que de su miembro viril surge el árbol de la vida pleno de animales, plumas y el sol. Es emblemática también la serie AXZA AXZA XXIII que representa la ciudad inventada, centro y ombligo del mundo, su origen y su fin, donde todo sucede en una dimensión de sacralidad: aparecen seres míticos, ángeles, serpientes, libélulas y jaguares…
Formas esquemáticas pueblan sus lienzos que oscilan -en formatos diversos- en una dialéctica entre el pasado y el presente, pero con el colorismo flagrante que nos recuerda al de un joven Chagall.
El hallazgo arqueológico⁷ de los “Amantes de Sumpa”, enterramiento de dos jóvenes -hombre y mujer- con los brazos entrelazados, dio pie a Román para desarrollar una serie de obras eróticas, tanto pinturas como esculturas, que muestran una pareja en el abrazo interminable del sueño o de la muerte, o el beso de los amantes, como si de un Klimt primigenio se tratase. Se sirve de una paleta de azules perennes y verdes profundos, o de un rojo absoluto: color de la pasión, sangre y muerte, e incluso del sepia, el color de la tierra madre, la pachamama: útero y tumba.
A partir del año 2000 desarrolla su serie denominada Naturalismo Integral que pone el acento en la unión del artista con el medio ambiente y la naturaleza. En esta serie aparecen desde insectos, ranas, peces y mariposas que reflejan la riqueza del Ecuador como uno de los pocos países megadiversos, es decir, una de las áreas que alberga uno de los mayores índices de biodiversidad del Planeta. De ese respeto y amor por la naturaleza, el artista recoge y recicla hojas, troncos que le dan pie para crear un imaginario de seres reales o inventados que recuerdan cómo en el camuflaje los insectos se mimetizan con la naturaleza.
Dentro de la heterogeneidad de formas, temas, estilos y técnicas, Román realiza un diálogo con la obra de Caspicara, el maestro escultor del siglo XVIII, asimismo, y como a otros grandes, también le ha apasionado el tema de los toros. Cada una de estas articulaciones muestran un sincretismo e hibridación latente y se percibe el esfuerzo en librar una batalla para entrar en el corazón de todas las cosas.
Como dice Gérard Xuriguera sobre Nelson Román: “pintar es regresar al origen”, en efecto, el arte es el espejo donde se refleja la verdad, pues nos llega a los sentidos como apariencia, pero una apariencia cargada de espíritu. Recordemos que para Hegel el arte es la manifestación sensible de la Idea, es un intermediario reconciliador, la encarnación de la infinitud del mundo espiritual en la finitud de las formas. En este sentido para el filósofo alemán el arte es superior a la naturaleza, pues en éste “resplandece lo suprasensible”. En el arte reside esta paradoja, encierra lo absoluto en lo particular y finito y “en el proceso estético, lo sensible se espiritualiza y lo espiritual aparece como sensibilizado”. El arte es la intermediación entre el misterio de la sombra y la luz, lo interior se exterioriza, mientras que lo exterior parece que se esconde por momentos para dejar el misterio.
Román es un viajero incansable al pasado, de esa pasión por el origen, por las culturas ancestrales, logra la simplicidad de lo primitivo, pero a su vez establece una identidad propia, surgida de sus experiencias y motivaciones personales, que hunde sus raíces en las palpitaciones del corazón de la historia americana prehispánica. Su vasta obra es depositaria de una vocación multicultural. El juego plástico, fruto absoluto de una voluntad expresiva, paradójicamente universal y autóctona a la vez, está dominado por la inmediatez del color y por pinceladas espontáneas. Creador de mundos pictóricos propios habitados por figuras anamórficas y perspectivas inesperadas que establecen una distorsión entre manierista y perversa en la que lo cotidiano convive con lo mitológico y lo alegórico, sin excluir lo fantástico, lo exótico ni lo irónico. Román procura olvidar las reglas aprendidas, se abandona completamente a su voluntad y se rinde a los asaltos del azar, de la espontaneidad, a la embestida de remolinos de luz y de sombras, de formas y de energía.
Las propuestas estéticas en esta muestra antológica de Nelson Román constituyen un convincente testimonio de la multiforme variedad estilística, temática, morfológica y técnica desarrollada por el artista en más de cinco décadas de fecunda creación. Estas obras focalizan a plena luz el plurivalente y heterogéneo temperamento de este fascinante artista ecuatoriano.
SESENTAS Y SETENTAS
«La iluminación de las pinturas de Nelson Román nos invita a compartir la ficción de una ciudad mítica, perdida y luego encontrada, resplandeciente bajo la luz, ciudad cubierta de oro, que fue el sueño de los conquistadores españoles, símbolo de la riqueza y del poder de las civilizaciones desaparecidas y a la vez alegoría del renacimiento de un mundo idealizado».
Christine Ferrot
Viajes al comienzo de la memoria
Revista Artensión, París 1991
OCHENTAS
«Nelson Román es una de las figuras más brillantes de la plástica en la última década, uno de los dos o tres de producción más coherente y sostenida. Situándose dentro de una tradición que arranca del Goya negro y, en la América de hoy, pasa por Cuevas, ha ido forjando, sin prisa alguna improvisadora, su propio mundo de formas y un peculiar lenguaje simbólico y ha dado aporte decisivo, como uno de los adelantados de su generación, para la definición de formas y lenguaje de un feísmo de iluminación crítica del mundo, penetrante y desgarrado, mágico y esperpéntico».
Hernán Rodríguez Castelo
Revista Dinners No. 1
1980
NOVENTAS
«La simbología que caracteriza el conjunto de la obra, como la de ciertos artistas nativos de América Latina, está estrechamente ligada a las leyendas y mitos de la realidad indígena. Nacida de una memoria de fabulista, su obra magnifica relatos ancestrales en donde el primitivismo recorta una fantasmagería todavía vigente en la vida cotidiana de las poblaciones americanas.
La religión, el reino animal, las máscaras rituales, los deseos íntimos campean aquí en unas atmósferas tanto alucinadas como dramáticas donde reina una inocencia falaz, tal vez sea el camino más directo para revelar una verdad la cual escapa en el primer momento al racionalismo accidental.
Con esta premisa las representaciones alegóricas de Nelson Román no son ni veristas, ni folclóricas, incluso si hacen a un patrimonio secular del cual él no se puede separar y sobre el cual se edifica la base de una escritura del fantástico re-inventado a la medida de sus inquietudes.
Con un sentido brillante y luminoso del color, un dominio modulado del grafismo, Nelson Román, observador y visionario suscita y anima estos sortilegios emblemáticos que su mirada de pintor soluciona con su pincelada intrínseca».
Gérard Xuriguera
París, 1990
SIGLO XXI
«Román es el gran cronista del mestizaje y su narración es palpable como el irremisible paso de los caballos de sus lienzos por nuestra memoria histórica. Símbolos que exhalan un aire altivo, desafiante, pero polémico, en averiguación constante de nuestro destino propio, no importado, no impuesto, no «plagiado», no espurio. El maestro Román es un innovador de las artes plásticas latinoamericanas porque, además de que su obra constituye una expresión única -ideal del arte-, es también una revelación de nuestros laberintos más ocultos y una anunciación de los caminos por los que hemos de transitar. Se trata de una honda, virtuosa y deslumbrante producción, donde los signos parecen sublevarse, pero siempre son absorbidos por el significado total, dentro del cual todo se resuelve en una magnífica y alertadora unidad, perpetua metamorfosis de la realidad, cambio continuo de la vida, en nuestra hora y en las propias y singulares ultimidades humanas del artista».
Marco Antonio Rodríguez, Gérard Xuriguera
Extracto del ensayo: Nelson Román o el arte perpetuo
Junio 2004
Naturalismo Integral
El Ecuador constituye actualmente una de las pocas reservas de la naturaleza integral, por tanto, requiere de una gran disciplina de la percepción. Percepción visual diferente que nos aproxima al descubrimiento de formas de vida en su estado puro. ¿Cómo recrear en el arte esta fuente inagotable para crear una conciencia colectiva y planetaria? La única respuesta es integrándose a ella como parte del mismo cosmos, si el ejercicio de contemplación nos permite ver la constante mutación y mimetización de un insecto o de una planta así mismo nos señala el camino a la conciencia que es la generadora del respeto y el culto de un bien tan preciado que está en constante riesgo por la contaminación generada por nosotros mismos. Mi propuesta de Naturalismo Integral no es otra cosa que una invitación a luchar en defensa de nuestro más grande patrimonio de vida en su plenitud. Aprendamos siempre de nuestra madre naturaleza. El Ecuador Ama la Vida.
Nelson Román, Quito, 2013.
NOTAS BIOGRAFICAS
Nelson Román nació el 7 de febrero de 1945 en Latacunga, Ecuador. Es un reconocido artista plástico, dedicado sobre todo a la pintura y el grabado. Sus estudios superiores los realizó en la Escuela de Bellas Artes de Quito, en la de Artes Decorativas de Niza (Francia) y en la también francesa Escuela de Arte y Arquitectura de Marsella.
ACTIVIDADES Y EXPOSICIONES:
– 2013: Exposición: El Eterno retorno. Centro Cultural Metropolitano. Quito.
– 2012: Exposición: Nelson Román, Universos Ancestrales. Museo de Arte Moderno de Cuenca.
– 2011: Exposición: Nelson Román o el Arte Perpetuo. Salas de exhibición Temporal de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.
– 2010: Participación en el proyecto: Arte para todos con el mural El Cacique Banana y sus guerreros. Sevilla-España.
– 2010: Tendencia: Inicia la propuesta plástica Naturalismo integral.
– 2009: Proyecto: Recuperación del Panecillo.
– 2005: Creación de espacio de arte: El ojo del jaguar, Quito.
– 2004: Exposición retrospectiva: El ojo del jaguar, Museo Nacional Banco Central del Ecuador, Quito.
– 2002: Tertulia sobre manifiesto Río negro (con el crítico de arte y filósofo francés Pierre Restany, París).
– 2002: Exposición: Lo ancestral y el mar, Galería de arte Patricia Ready, Santiago de Chile.
– 2001: Tendencia: Inicia la propuesta plástica Ancestralismo y naturalismo, París.
– 2000: Naciones Unidas: Entrega de la obra Códice de fuego al secretario general señor Kofi Annan, New York.
– 2000: Creación: Obras Visiones y alucinaciones de París, París 1999.
– 1999: Tertulia sobre el ancestralismo con la antropóloga norteamericana Mary Murphy, New York. Intercambio experimental con el escultor holandés Mark Brusse, París. Homenaje al lápiz, Museo Luis Cuevas y Exposición itinerante en la República mexicana.
– 1998: Simposium de escultura monumental (participación permanente, Quito).
– 1997: Proyectos: Instalaciones, Quito.
– 1996: Exposición de Arte Iberoamericano, Santiago de Chile.
– 1995: Maison de l’Amérique Latine, Mónaco. Exposiciones en Montpellier y Marsella. 20 años de premio de París, Alianza Francesa de Quito.
– 1994: Creación Obras: Amantes de Sumpa y Códices, París-Quito.
– 1992: Tertulia con la arqueóloga americana Karen Stother, miembro del grupo arqueológico que descubrió la tumba paleoindia de los denominados Amantes de Sumpa, Guayaquil.
– 1991: Décima Bienal de Grabado Latinoamericano, San Juan, Puerto Rico.
– 1990: Tertulia sobre arte moderno con el crítico de arte francés Gerard Xuriguera, quien escribe texto sobre la obra de Nelson Román, París.
– 1989: Creación: Serie de pinturas monumentales AXZA, AXZA XXIII, Ciudad perdida, París. Creación: Obras temáticas, París.
– 1988: Exposición Colectiva: Mitos y tradiciones de América Latina, Mónaco.
– 1987: Tertulia con el crítico de arte francés Gastón Diehl, experto en arte latinoamericano, París.
– 1985: Exposición Colectiva de Arte Contemporáneo Ecuatoriano, Lima.
– 1984: Creación conjunta: Obras de arte con el artista francés, del grupo Support Surface, Christian Jacquart, Marsella, París. Proyecto: Fundación del taller de grabado Grabas, Quito.
– 1982: Creación: Coparticipación en la creación del taller de grabado de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito. Investigación sobre arte popular, Quito. Exposición Itinerante de jóvenes artistas de los países andinos, La Paz.
– 1979: Creación: Serie de realismo mágico, Espejo humeante, Quito.
– 1978: Participación Bienal de Sao Paulo: Mitos y magia, Brasil.
– 1976: Creación: Serie Huayrapamushcas, Época negra, Nortridge-California.
– 1976: Exposición: Visiones de locura, amor y muerte. Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá, Colombia. Exposición: Serie Huayrapamushcas, Época negra, Museo Guayasamín, Quito.
– 1975: Exposición: Museo de la OEA, Washington. Tertulia con el crítico de arte latinoamericano José Gómez Sicre, Washington D.C. Invitación del Departamento de Estado a museos y galerías de arte de varias ciudades de EE.UU.
– 1974: Tertulia con Víctor Grippo del grupo 13 sobre Arte y sistemas, Niza, Francia.
– 1973: Investigación estética con Daniel Dezeuze del grupo Support.
– 1972: Exposición: Premio de París, Alianza Francesa, Quito.
– 1971: Exposición Ruptura: Grupo Los Cuatro Mosqueteros, Quito. Inicio de trabajo individual, Quito. Exposición Antisalón: Grupo Los Cuatro Mosqueteros, Guayaquil.
– 1969: Formación del Grupo Los Cuatro Mosqueteros: José Unda, Silvio Benedeto y Nelson Román en el Museo Contemporáneo de Bogotá (Invitación de Martha Traba crítica de arte argentina).
– 1968: Trabajos de Taller con el maestro español Manuel Viola del grupo madrileño de arte Informalista El paso, Madrid-Quito.
– 1966: Trabajos experimentales: Washington Iza, José Unda y Nelson Román, Quito.
– 1965: Trabajos experimentales: Washington Iza, José Unda, Oswaldo Viteri y Nelson Román, Quito.
– 1965: Trabajos experimentales: Washington Iza, José Unda y Nelson Román, Quito.
– 1964: Formación del grupo Aguarrás: Washington Iza, José Unda y Nelson Román.
– 1951-1962: Etapa formativa: Visiones primigenias de ritos y danzas indígenas, primeras obras en el taller de su padre Salvador Román. Visitas a talleres de artistas populares: Teófilo Quishpe, Alejandro Jacho y José Amable Olmos, Provincia de Cotopaxi.
PREMIOS Y CONDECORACIONES:
– 2005: Condecoración Oswaldo Guayasamín del Distrito Metropolitano de Quito, por la consistencia y autenticidad en el arte pictórico.
– 2002: Condecoración al Orden Nacional al Mérito en el Grado de Oficial, por su importante carrera artística.
– 1984: Primer Premio Nacional de Dibujo (Bienal de dibujo, Guayaquil).
– 1980: Segundo premio (Sexto Salón de Artes Plásticas, Quito).
– 1978: Gran Premio (Sexto Salón Mariano Aguilera, Quito).
– 1977: Primer Premio (Salón Nacional de Pintura, Quito).
– 1977: Segundo de Pintura (Salón Nacional Luis A. Martínez, Ambato).
– 1976: Primer Premio (Segundo Salón, Premio de París, Quito).
– 1973: Primer Premio de Témpera, Salón Nacional, Quito.
– 1972: Primer Premio, Segundo Salón Premio de París, Quito.
PUBLICACIONES EN LAS QUE SE ENCUENTRAN SUS OBRAS
– Historia del Arte Ecuatoriano, Ediciones Salvat, 1977.
– Los Signos del Hombre, Mario Monteforte, Universidad Autónoma de México y Banco Central del Ecuador, 1982.
– Regard sur le Peinture Contemporaine, Gérard Xuriguera, Arted Editions d’art, París 1983.
– Guía Nacional de Bellas Artes, tomo II, Ediciones Thibaud, París, 1984.
– Franzosisches Jahrbuch der Bildenden Kinst (edición alemana de la Guía Nacional de Bellas Artes), tomo II, París, 1985.
– L’Histoire du Salon es Independants, París, 1985.
– El siglo XX de las artes visuales del Ecuador, Hernán Rodríguez Castelo, 1989.
– Cien artistas del Ecuador, Dinediciones S.A., Quito, 1990.
– Catálogo General de Artistas Iberoamericanos, Ediciones Arabal, Madrid, 1990.
– Demeures & Chateux, París, 1990.
– Iza, Jácome, Román, Unda: Los cuatro Mosqueteros, Fundación Cultural Exedra, Quito, 1993.
– Homenaje al lápiz, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 1999.
– Latin American Art, Sulivan, Phaidon, USA, 2000.
– Artistas Plásticos del Ecuador, Ministerio de Relaciones Exteriores, Quito, 2002.
– Nelson Román: El ojo del Jaguar, Hernán Rodríguez Castelo y Gérard Xuriguera, Ediciones del Banco Central del Ecuador, 2004.
– 30+2 Artistas en el Siglo XXI, Ediciones Trama, Quito, 2006.
– Nuevo Diccionario Crítico de Artistas Plásticos del Ecuador del siglo XX, Hernán Rodríguez Castelo, Municipio Metropolitano de Quito, Quito, 2006.
– 200 Años de Pintura Quiteña, Xavier Michelena, FONSAL y City Market S.A., Quito, 2010.
– Palabra de Pintores, Artistas de América, Marco Antonio Rodríguez, Manthra Editores, Quito, 2010.
– Nelson Román o el arte perpetuo, Marco Antonio Rodríguez, Editorial Pedro Jorge Vera de la Casa de la Cultura, 2011.
OTRAS PARTICIPACIONES
Ha realizado innumerables exposiciones individuales por los continentes americano y europeo. Ha participado en numerosas exposiciones y bienales. Sus obras se encuentran en colecciones privadas y públicas en varias partes del mundo.

